Insignificancia.
Silencio. No me salen las palabras y me cuesta hablar. Me cuesta decir lo que siento, lo que me pasa, lo que creo. Silencio, silencio, mejor no decir nada: el más mínimo sonido y la nave sería incapaz de soportar la turbulencia, aterrizaje de emergencia y quizás peor. Silencio, silencio, mejor no digas nada, pues, ¿qué es lo peor que puede pasar si se sigue igual? Acabarás destruyéndote por dentro como ya llevas haciendo por años, nada peor: todo seguirá en equilibrio. Un alma menos es insignificante en comparación con el equilibro de un ecosistema mayor. Eres insignificante, asúmelo, no importas, sigue como si nada. A veces quisiera que las cosas fueran distintas. A veces lloro en silencio, me corrompe los huesos, me duele el cuerpo, quiero reventar. ¿Y qué? Da igual. Nunca estoy lo suficiente mal como para que sea importante, siempre tú puedes estar peor. No importa. Seguiré en pie -creo que esa sí es una de mis habilidades- estoico, imbatible, con fuerza de papel. Ese pap...