Gélido celeste
Hace tiempo que necesitaba un nuevo espacio para volver a escribir: anteriormente tuve otro blog por varios años, pero creo que hace bastante que ya he dejado de habitar ese espacio. La vida y las experiencias que tienes hacen que, inevitablemente, vayas cambiando. ¿Esa es la idea, no? Que pase el tiempo y sigas pensando lo mismo no tiene mucho sentido, es, más bien, un estancamiento que solo conduce a la inevitable putrefacción del agua que compone, en cantidades importantes, nuestro cuerpo y organismo.
Gélido celeste no era el nombre original de esta propuesta y en eso debo ser sincero: pensé en hablar de la acidez con la cual hago -y disfruto- realizar algunos comentarios sobre ciertas situaciones a las cuales me enfrento; pensé en ser un mar inquieto, pese a que muchas veces me trato de plantear como "aguas calmas" que, en realidad no, no soy tan quieto, pues mi propio barco navega con temor a los icebergs profundos y destructivos capaces de hacer tambalear la estructura más estable. Lo siguiente es la disponibilidad de direcciones en la plataforma blogger y, en el fondo, quiero darle ese carácter de azar-no-casual simpático que me llevó a coincidir con este gélido celeste.
¿Por qué "gélido"? Simplemente, porque conforme pasa el tiempo me va gustando, cada vez más, el frío. Gélido, como esa brisa fría de las mañanas invernales en Valparaíso frente a la costa, esa humedad exquisita que se te cuela en los huesos. Esa gelidez que se trasforma en bruma sobre los cerros verdes (aunque en camino a convertirse en amarillo) de Quilpué y el relieve de la Cordillera de la Costa. Gélido como a veces me pongo cuando quiero proteger (me y los) de lo que siento que puede ser peligroso. Gélido como esa temperatura magallánica que me recuerda las batallas de nieve, la escarcha y esos atardeceres de colores surrealistas. Gélido como ese frío europeo que me hizo entender nuevas realidades.
¿Por qué "celeste"? El cielo es celeste (algunos dicen que es azul, pero yo lo veo celeste aunque sí, mi daltonismo no hace mi visión de colores un referente fiable, pero en fin...) y, además, es el espacio a través del cual podemos ver una serie de astros, desde donde llegan las tormentas de lluvia (y de nieve, cuando estás en el lugar y el momento preciso), a donde miramos en busca de algunas respuestas que no encontramos en el suelo que pisamos. Ese cielo por el cual he caminado literariamente, saltando por las nubes, soñando con abrir las alas y poder volar. Ese cielo que me ha permitido ver el mundo desde las alturas en varias ocasiones.
Gélido celeste es este nuevo espacio que pretendo sea un camino a la deconstrucción de mi propia historia, de lo que fui, de lo que pensé, de lo que quiero ser y quiero seguir soñando. Claramente, no soy la misma persona que hace diez años y agradezco que así sea (tampoco seré él mismo en diez años más, espero). Acompáñenme en esta búsqueda de un nuevo destino, a bailar en la incertidumbre y abrazar un futuro desconocido. Buen viaje.
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