Habitar.

"Empiezo a vivir de recuerdos, de imágenes iluminadas (quizás más de lo que en realidad fueron), abrazándome a sensaciones positivas que me provocan. En el fondo, me abrazo a la esperanza de que todo va a mejorar en algún momento".


Hace un rato hice ese tweet y me pareció interesante transcribirlo, porque abrió en mí muchos pensamientos que parecen hacerme reflotar a ese antaño lejano-cercano-persistente. Antaño. Me he dado cuenta de esa extraña -y a veces, incontrolable- tendencia mía de recordar el pasado a cada rato, de querer revivir momentos o espacios que, simplemente, ya no pueden ser. No sé por qué, pero revivir, incluso, esas pequeñas angustias me resulta atractivo y pareciera darle un poco de sentido a mi existencia actual. ¿Por qué volvemos al pasado de manera constante? ¿Por qué no satisfacernos con el presente que nos conduce al futuro? Quizás sería más lógico enfocarse en caminar hacia adelante y no hacia atrás, pero vuelvo una y otra vez.


Me gusta la escritura literaria desde que soy pequeño y sí pudiese cifrar un recuerdo significativo de eso es un viaje a Pichidangui que realicé con mi familia cuando tenía nueve años y, por las tardes, me aferraba a la mesa a escribir historias de marcianos. El lugar en el cual alojábamos -que visitaríamos, nuevamente, en varias ocasiones entre el 2003 y 2011) no contaba con mucha iluminación y después de las siete de la tarde se iniciaba una noche tenebrosa, "oscuro como la boca de un lobo". Y a esa edad, quizás hasta me imaginé que en medio de ese bosque cercano podría encontrarme con muchas criaturas y seres provenientes del mar. La imaginación es maravillosa, pero a veces esas historias nos pueden jugar malas pasadas en la creación de ansiedad.



Felizmente, he tenido muchas experiencias relativas a viajes y paisajes que se han ido quedando en mi cabeza, quizás, por lo mismo, mi mente no descansa y constantemente está creando historias, pero muchas de esos universos surgen a partir de esas imágenes o de cosas que hice (y que quise hacer). A veces me confundo y siento que he visitado algunos lugares en más ocasiones que las que realmente lo he hecho. ¿Estaré enloqueciendo? No, porque la locura la traía conmigo desde siempre.


No logro entender cuál es esa fascinación por volver a habitar lugares de los cuales ya no formo parte, pese a que quise y que, incluso, logré por diversos periodos. Hay espacios que me atrapan más que otros quizás porque siguen siendo inconclusos en mi mente. He escapado, pero vuelvo, de manera casi obsesiva, a recorrer esos olores, esas sensaciones, a rememorar esos colores que en mi mente aparecen más vívidos de lo que realmente fueron. ¿Por qué esa necesidad incontrolable de bailar en esa incertidumbre, de teletransportarme al pasado y al futuro, en un tiempo que no existe? Porque esa persona intermediaria -que tiene mi yo del pasado y mi yo actual, que sería el futuro de ese pasado-, simplemente, no existe.




¿Dónde estoy en este momento?

Comentarios

Entradas populares de este blog

Jane Fonda

¿Qué pasa si?

Gélido celeste