Dioses y religiones

Constantemente estoy revisando información que se publica en las redes sociales como, quizás, gran parte de las personas. Hay quienes cuestionan y critican de manera efusiva este uso excesivo que hacemos de estas plataformas y, muy probablemente, esto tenga relación con el tiempo que les dedicamos (a veces, demasiado). Sin embargo, se han transformado en un medio de comunicación más al igual que lo fue el diario, la radio y la televisión en su momento, solo que ahora tenemos la opción de elegir informaciones más acotadas a nuestros propios intereses. Viva la "post modernidad" o lo que sea que estemos viviendo en ese momento.

En esas lecturas, llegué a una noticia que llamó mi atención no por la información mismo (no ahondaré en ello, porque da para otro debate que no es el que me interesa, por ahora), sino por la argumentación utilizada. Al grano: personas que, hasta el día de hoy, sostienen sus argumentos éticos y morales en torno a los conceptos abordados en la Biblia. Sí, en la Biblia, ese texto milenario que recoge gran parte de las doctrinas del mundo cristiano y que, de una u otra forma, ha sido un pilar cultural -y hasta político- de Occidente. Un texto escrito por seres humanos y que, según la tradición, tuvo una inspiración divina: un texto que, en resumidas cuentas es de carácter literario debido a su composición narrativa que es, en sí misma, ficticia. Ojo que ficción no es lo mismo que "mentira" como se ha enseñado erróneamente a tantas generaciones: la ficción es una "realidad inventada", si quieren, una existencia en un mundo paralelo cuya existencia persiste a través del lenguaje que lo compone y le da soporte. Cada vez que leo un texto, le vuelvo a dar esa existencia, una y otra vez. Un rito, que me rememora un mito (de creación). 

Es cierto que las experiencias religiosas son una sensación absolutamente individual e intocable. ¿Quién puede venir a decirle a otro que su experiencia con la divinidad es "falsa" o que, simplemente no existe? Nadie, absolutamente nadie, porque cada uno es libre de decidir si cree o no. Y sí, hablo de decisión, porque pudiendo tener miles de argumentos que contradigan tu postura, puedes seguir eligiendo mantenerte en tu postura. Libertad de pensamiento, libre albedrío, incluso. Todos habremos tenido alguna experiencia espiritual de alguna forma: sonreír, respirar aire puro, sentirnos plenos y satisfechos por un logro, sentir que lo estás haciendo genial, visualizar "signos o luces" que te da el destino sobre algo que crees. Si hay algo que es difícil cuestionar, es la causa y el efecto, ya que, aunque no lo veamos de manera inmediata, cada paso que damos va teniendo una repercusión en algún momento (no tengo claridad si en el pasado, presente o futuro, ¿acaso existe una linealidad en el tiempo?). Y, por lo mismo, creo natural que nos cuestionemos todas aquellas fuerzas o fenómenos a los cuales la ciencia -todavía- no puede dar explicación. Quizás algún día logre dar respuestas a todo y es algo que ha trabajado por toda la historia de la humanidad, pero sigue habiendo tantos enigmas en torno a los cuales acabamos abrazándonos a nuestras propias creencias, incluso aunque parezcan no tener ningún fundamento empíricamente racional.

La creencia religiosa parece ser una necesidad muy inocente, muy limpia e, incluso, noble. Sin embargo, ¿por qué hay gente que, fanáticamente, sostiene que su visión es la única existente? Una contradicción, pues suele coincidir con quienes hablan de un Dios piadoso, lleno de amor que defiende a todos sus hijos e hijas. ¿A todos los que comparten tu religión o a todos sin discriminar? ¿También protege al que no cree en Él? ¿Hablamos de bandos enemigos que luchan por su subsistencia espiritual invisible? ¿Por un más allá/más acá? He tenido una creencia muy conservadora y religiosa por mucho tiempo, situación que me he permitido ir cambiando en base a nuevas experiencias que permiten visualizar un poco más lejos: estoy más que claro que alguien cristiano no es mejor persona que un ateo, ni que un agnóstico no es necesariamente más inteligente que cualquiera que se diga creyente en algo. 

Parece ser que necesitamos creer en algo, aferrarnos a una idea de superioridad, precisamente, por nuestra propia vulnerabilidad natural. ¿Qué tiene de malo reconocerse "débil", desde esa perspectiva? No lo es, de ninguna manera, creo: la debilidad es el ataque indiscriminado y poco tolerante, el no ser capaz de entender que el otro no tiene por qué sentir lo mismo que tú. El otro no es tú y nunca lo será, pero coexiste contigo. Todos necesitamos nuestras propias ficciones y, quizás, si lo entendemos, podremos respetar y entender que las experiencias de los otros y otras son las que, también, construyen el mundo en el cual vivimos. 

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