Silencios nocturnos (entre palabras, sueños, ricas incertidumbres y deseos)
Compatibilizar la dinámica familiar con las actividades laborales ha sido un completo desafío. Claro, la parte linda de todo esto es que, efectivamente, puedo pasar la cuarentena en un contexto privilegiado de amor, espacio e insumos; sin embargo, la parte que no se ve es que todo el orden al cual uno está acostumbrado suele colapsar de maneras imprevistas. Es por ello que tomé la decisión de dejarme una noche para trabajar y avanzar todo, cueste lo que cueste, a fin de tener un poco de relajo y flexibilidad el resto de los días de la semana. Sí, mañana andaré con sueño y un poco atontado (más de lo normal), pero recuerdo que durante mi época de universitario tuve un momento en que no dormía casi nada y no precisamente por exceso de carga académica; más bien, fue por una decisión casi romántica de emplear las noches para escribir. Siempre es un buen momento, siempre hay una excusa para aprovechar ese silencio quieto de la oscuridad que te abraza entre sombras y luces, entre espíritus e historias que viajan en todas direcciones.
Y aquí estoy, otra madrugada de miércoles escribiendo, retomando esta vieja costumbre de reflexionar casi neutralmente sobre lo que sucede, con ese dejo de nostalgia agradable de tratar de rememorar esas sensaciones que en el pasado me movieron a soñar, a construir un poco de ese futuro que vivo el día de hoy. Todo ha cambiado, la gente ha cambiado, el mundo ha cambiado: yo he cambiado y qué bueno que así sea. Sentir que pasa el tiempo y que vuelven a aflorar en mí las emociones es algo que no deja de motivarme a seguir aquí, entre palabras, sueños, ricas incertidumbres y deseos.
Fotografía: Estrecho de Magallanes, Punta Arenas, Chile (enero 2020)
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