Las arenas del tiempo

 Corren y corroen las venas. Corroen el alma, el metal, las estructuras óseas que, según dicen, debiesen sujetar el cuerpo. Sujeción del sistema nervioso convertido en un simple entremado de vísceras confusas e inertes que reptan en un infinito incierto, incierto como la vida, incierto como el espacio, incierto como el tiempo. Corren y corroen las arenas del viento, el tiempo se cuela en las rendijas de una casa antigua que se desmorona en mitad de la ciudad a la espera de sucumbir frente al concreto inconciso que destruye toda ilusión de belleza, de perpsectiva, de horizonte armónico. 

Solo huelo veneno, lo aspiro, lo respiro, lo abrazo. Cobijo el veneno en mi corazón, lo diluyo por mi ser. ¿Qué es el tiempo sino una invención maquiavélica y despiada de ese tic tac inerte e inservible que aparece como un vigía sin piedad? ¿Qué es el tiempo sino una excusa para sostener una máquina que destruye la vida, que pretende regularla, darle razones, darle existencia a lo inexistente del sinsentido verbal y su construcción? ¡Qué es lo que somos sino ratas luchando por hacer correr una rueda de la cual ni siquiera podremos obtener su energía!

Me corroen en silencio, me destruyo, desaparezco, tiendo a cero, desaparezco, no existo, desaparezco, soy inexistente, una bruma, un silencio, una palabra incompleta. ¡Qué es el tiempo sino una terrible y nefasta ilusión! Un número abstracto como cualquier otro signo que lucha por tener protagonismo, por sentir algo, por salir de su silente función. 

Y se acaba. Se va. Sin decir nada. Miro hacia el lado y ya se fue, miro hacia el lado y ya no vuelve, miro hacia el lado y no sé cuánto va a durar. Me corroe ese metal gélido por el cual tambalean mis pisadas, vibra en el silencio ese tren acelerado que acallará todo a su paso, acarreando un futuro que me aterra o un pasado que se diluyó. Me cobijo en los pedazos de cielo tirados por doquier. Me arropo en la inmundicia de una humanidad que no entiende, que no siente, que no mira, que no existe. Me escondo en medio de las rocas de una civilización que tiembla. Me visto con la arena de ese tiempo que se traduce en números inservibles, que se agotan, que me torturan, que se roban mi espíritu y mi existencia. 

Intento bailar a la deriva, se consume mi vida en las arenas del tiempo que me atrapan en el fondo, que me dejan sin aire, que me entierran en el fondo de todo, que me olvidan como las sombras que escabullen de la luz intermitente. 

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