Salir corriendo

 A veces me dan ganas de salir corriendo sin ningún motivo, sin ningún fundamento. Me siento de frente al mundo sin saber ni lo que pasa, ni lo que pienso ni lo que sucede en mi cerebro. ¿Querer que todo sea distinto es acaso parte de la normalidad anormalizada? Me inunda el miedo. Me inundan las ansias de que todo sea distinto, sí, quizás a mi modo, asumiendo que mi moral es precisa e incorrompible. ¿Cómo saberlo? Si día a día hasta yo mismo me tiento y me caigo en mis propias palabras. Me congelo. Me tiritan los brazos, me tiritan las piernas y más de alguna maldición emerge siniestra de mis labios que se limpian, que se cuidan de decir alguna invocación negativa, pero no puedo. No puedo simplemente caminar sin decir nada, sin soñar, sin sentir. Giving a little damn puede ser un poco terapéutico a veces, escribir tonteras locas, quizás, también.

Escribo sin saber el futuro, quizás atrayéndolo de un hilo rojo, verde, amarillo o celeste. ¿Qué importa? Si lo que menos tiene es de certero. Escribo para calmar mi presente y las palabras corren solas como la sangre de una vena abierta, como el río de un cerro lluvioso, como el torrente de la rabia que dispara sobre cabezas inocentes. Ingenuas. Ingenuas almas que aún circulan por esos callejones perdidos que se caen, se corrompen, se destruyen y se van hacia el mar. 

¿Qué es lo que digo? Pensaré, sin saber nada de lo que viene después. 

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