Encontrar ese lugar.

 A veces quiero salir corriendo, pese a que mira el horizonte y, de pronto, intento sonreír. Corro, subo el cerro hasta la cima, respiro, sonrío. ¿Por qué me cuesta? Será acaso por el barro que se le ha pegado a la suela de mis zapatillas y pienso en cómo tendré que limpiarlo luego. Pero no. Será acaso porque me he rasguñado en el ascenso y probablemente algo me dé alergia. pero no. Sonrío, me esfuerzo, sonrío con más fuerza hasta intentar convencerme, pero no. Vuelven los deseos de salir corriendo, de abrir las alas y volar tan lejos como sea posible: abrazarme en ese ideal futuro de un pasado imaginario que añoro. Abrazarme a ese pasado congelado que podría ser un futuro cálido, sonriente, renovado. Morir para volver a nacer. Romperse en mil pedazos para volver a construir algo nuevo y fortalecido. 

A veces creo que puedo con todo y que puedo seguir como si nada. Una sonrisa y ya está, ¿quién no puede, acaso, fingir una sonrisa y hacer como que todo está bien? Veo rostros a diario que caminan, inciertos, indiferentes, inexistentes. Veo rostros que llevan historias ocultas que no quieren mostrar al mundo. Me veo en medio de esa gente, me veo también en medio de otras gentes que me repelen y que yo también repelo. Busco ese punto de encuentro que se aleja en la medida que acelero el paso, se aleja cada vez más en mi huida hacia lo lejanía. Lo intento, prometo que lo intento, pero a veces me gana el cansancio de la indiferencia: un rostro pesado y amargo, una mirada displicente, un gesto arrogante, una palabra arribista construida en paja. 

A veces, también, sueño. Desde la altura donde el viento me susurra historias, pienso que todo podría ser mejor en algún momento, en alguna parte. Distinta. No es aquí. Quizás no sea este el momento ni el lugar. Quizás sea el momento y no el lugar. Quizás sea el lugar y no el momento. Quizás no sea nada. Quizás, quizás, quizás. Todo es tan incierto que se me aprieta el cuerpo de la pura ansiedad. Me cuesta navegar en estas aguas turbulentas. Me cuesta pensar más allá y ver un futuro glorioso. A veces quisiera volar tan lejos y no volver nunca más. A veces quisiera construir todo de nuevo e insultar y causar el mismo dolor que otros me han causado, pero no. No quiero causar daño. A veces cuesta, pero hay que romper ciclos. Que allá ellos sigan con los suyos, viviendo en su inmundicia, viviendo en esa mierda ficticia que les hace creerse superiores: pero no lo son. No lo son, no lo han sido, ni lo serán. Quizás sí es que acaso pude ayudarles a ver esa luz que parece oculta, quizás no. Quizás no era yo ni era el lugar. 

Pero sí sé y confío en que ese lugar existe, que ahora late y que ahora me llama. Que lo intenté una vez, pero quizás sin arriesgar demasiado. ¿Y si ahora arriesgara en serio? ¿Y si ahora encendiera las llamas que iluminan con certeza ese camino? ¿Qué es lo que podría encontrar? ¿Estabilidad? Quiero saberlo. Quiero encontrar ese lugar. 

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