Divaga canción

Encender los audífonos en la mañana y poner la música a todo volumen. No quiero mirarte, no quiero saber que estas ahí. Sé dónde te subes cada mañana y, de alguna forma, lo espero. Me pierdo en tus ojos azules de ensueño, en tu piel trigueña. ¿Qué será eso que escondes bajo tu vestimenta tan certera? Una personalidad sin tapujos, una mente abierta, un mundo de encanto con el que cautivas a quien a acercarse s atreva. Vas sin miedos, sin ningún apuro, eso ya lo sé. Me pierdo en ti, otra vez, sin saber por qué. 

No quiero mirar porque ya sé que ahí estás. Le subo el volumen, más fuerte, más fuerte, que mis tímpanos exploten tanto como lo hace el corazón en mi pecho. Ahí estás, ahí estás y siento que ya no puedo más. Aunque me esconda mirando para otro lado, te sentarás cerca de mí y tu piel tibia rozará mis manos. ¿Y si te abrazo? ¿Y si me abalanzo sobre ti? ¿Si me apodero de tu cuerpo, te quito la ropa y me apodero de cada parte de tu esencia hasta que todo lo que inhales solo sea una parte de mí? 

Alucino con cada sinuosidad de tu figura, quiero tocarte, quiero arrancarte la piel. Morderte, pellizcarte, comerte de a poco, controlarte, apoderarme de ti. Quiero acariciar con suavidad tu piel, quiero encontrar el cielo en tu mirada, quiero arrancarte el corazón desde el pecho, quiero conservar tus manos, quiero jugar con tu ombligo, quiero dormirme abrazado a tus pies. Quiero desordenarte el cabello, quiero decirte que a tu lado el mundo es más bello, quiero que no te vayas cuando acabe el tiempo, quiero compartir el audífono y que escuchemos nuestros latidos.

Y estás ahí, a mi lado, te siento, te respiro, te percibo, te saboreo. Oigo tus respiros y suspiro. Me pierdo en los tendones escondidos en tu piel, en la tensión de tus venas, te recorro por dentro sin que sepas, sin que siquiera lo notes. Somos uno desde el momento en que te vi, somos uno desde el momento en que mi piel se abalanzó sobre la tuya, te desnude, te deshojé, te gocé, te acaricié, me introduje en ti, te pellizqué, sentí tu tensión, te acaricié, te arranqué la piel, te comí en un santiamén, desapareciste de este mundo, tu cuerpo ya no existe. ¡Ya no existes! O sí existes... ¡sí, existes! Cada vez que me desnudo, cada vez que me recorro, te estoy recorriendo a ti. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Jane Fonda

¿Qué pasa si?

Gélido celeste