El ser extraño.

Lo miró de reojo. Todavía no podía adaptarse a la posibilidad ya concreta. 
- ¿Eres de verdad?

Y ni que fuera de mentira. A veces, en momentos de confusión, uno habla estupideces. Lo miró con más seguridad, pese a que seguía teniendo miedo.

- ¿De dónde vienes?

Del exterior, del interior, quizás de ahí mismo. ¿Qué importaba? A él sí que le importaba porque le urgía establecer una conversación y resolver una serie de enigmas que de niño se inventó durante noches enteras de insomnio, en que veía esas luces que caían desde el cielo como bolas de fuego dispuestas a devorar los grandes sembradíos de... ¿qué era lo que sembraban en los alrededores? De pizza, sí, en esa época pensaba que sembraban pizza. No se culpaba por ese pensamiento tan pueril que le causó alegría durante algún tiempo. Era extraño, vaya que sí, pero todos lo somos en algún lugar del universo. Solo que este se habría atrevido a cruzar los límites de su propia realidad para ir bastante más lejos en busca de respuestas. Se acercó con cuidado y miró a todos lados. Pronto llegarían a cercar todo, a esposarlo seguramente y a pegarle un tiro a cualquier testigo no contemplado. 

- Perdona. No sé si me entiendes. Asumo que me vas a entender solo por ser de otro lado y ni siquiera sé bien quién eres. 

El ser extraño sonrío y movió sus manos en dirección a su interlocutor. Sus manos se acercaron. Se juntaron por las yemas de los dedos y una ligera explosión de sonido interrumpió la calma de una noche silenciosa. Ambos cuerpos volaron en direcciones opuestas. Cuando volvió a abrir los ojos, se encontró frente al ser extraño, arrodillado, buscándolo. 

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