Siempre en el mismo lugar.

Qué difícil es tratar de encontrar los propios pedazos que han quedado dispersos en el camino. Por allá un ojo, por allá un diente, como la Violeta que se quedó repartida en medio de la inmensidad, expulsada por el ruido de su propio trueno. Hallarme entre palabras que lancé como un escupitajo en algún momento de pavor insomne, buscando una mano amiga que no sé si realmente pude encontrar. Hallarme, hallarse, hallar... qué. ¿Qué es lo que hallo en medio de la nada? Miradas aquí y miradas allá, miles de miradas, millones y millones de miradas perdidas en medio de ese infinito horizonte que no habla. Siento que voy a estallar (o que algo dentro de mí acabará por estallar). ¿Hasta dónde llegaré?


Y me duele todo en este camino pedregoso, no sé cuánto más voy a durar. ¿Qué es lo que quiero? Solo tengo miedo, miedo, miedo, miedo. Tengo miedo de todo y a la vez de nada. Existo, pero no existo. Soy, pero no soy, no es lógico. Vivo en un recuerdo, vivo en un presente, muero en un futuro como cualquier otro. ¿O acaso hay alguien distinto? Echo a correr para hacer funcionar el motor, encienden las turbinas, sale el vapor, a-llá-a-de-lan-te-se-vie-ne-al-go-bue-no. Espéralo. Búscalo. Constrúyelo. Sobrevive. Aquí se está mejor, en lo desconocido se está mucho peor, convéncete de que ese riesgo no vale la pena. Convéncete de que el riesgo de seguir donde mismo es y será mucho peor. 


Que bailen las neuronas dentro de los cadáveres que te frecuentan. Que bailen las manos que alguna vez movieron esos avatares de seres que se esfumaron desde ya (lo harán dentro de poco, pero, en realidad, nunca estuvieron acá). El tiempo se congela y se derrite, ya lo decía Dalí. ¿Y yo? Pegado en la inmensidad del dolor incierto, la ansiedad, la angustia, inexorable en medio de mí mismo. 


Soy una playa desierta, un caminante descalzo, la espuma que se corroe cuando un ave la excrementa. 

Soy la nada misma que nada en cada vez que aleteo como un pájaro que huye.

Soy. No soy. 

Soy un pedazo de reloj quebrado que me clavaré en la planta del pie, cuya sangre emanará sobre las baldosas hasta formar un río que inundará las construcciones más sólidas de la humanidad para carcomerlas como un murciélago perdido en medio de la humedad de ese vendaval otoñoveranoprimeraveral del infierno que se viene y que todavía no has visto. 


Y sigo respirando lento como me dijo la terapeuta. Sigo confiando en esa línea temporal que me trae de allá para acá. ¿Cómo saber qué es lo que será mejor? A veces volvemos a lugares para cerrar ciclos de los que anteriormente huimos de manera apresurada. Sigo pensando en que mañana tendré que volver a levantarme temprano, caminar al paradero, esperar la micro, sentir el dolor de estómago cuando te acercas al destino. Siempre en el mismo lugar. 


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