Toma el puñal.
Suenan los beats psicodélicos en la mirada perdida de un ser dormido que no sabe si realmente está ahí. ¿Dónde estás, Roberto? Are you lost or incomplete? Se esfuma la esencia como el vapor en el cristal que fue limpiado por una mano inquieta, por una mano potencialmente asesina que se controla día a día por la presión social de tener que comportarse. En el fondo, sabes que tu mano temblorosa tiene el potencial de atacar y destruir, pero quieres orientarla hacia la salvación. ¿De qué? Si ya no hay nada más que hacer en este mundo sino cruzarse de brazos, tomar un café o lo que te guste y esperar a que uno de los rubios presione el botón que lo hará volar todo mientras degustas la amargura que caerá desde el cielo como gotas corrosivas que diluirán tus huesos con un inconcebible dolor que se prolongará hasta que tu cuerpo defina que ya es momento de dejar de sentir y de funcionar.
¿Qué estás haciendo, Rodrigo? Leyendo un diario, jugando con la pelusa que no lograste sacar de tu ombligo. He intentado conversar mil veces contigo y te niegas porque estás en otra, estás tan perdido que no sabes ni lo que quieres ni por qué hasta aquí has venido. ¿Qué es lo que suena en tu cabeza si es que hay algo en lo que realmente rebota? Membranas de fantasía, paredes celulares, gotas de sangre que caen en esa botella de la cual succionas el elixir de otro ser vivo del cual te apoderaste hasta extirpar cada respiro de inexistencia, para convertirlo en esa carroña que luego limpiarás con un paño desinfectante, que luego trozarás en bandejas para lucirlas en la carnicería del supermercado más cercano. Aunque rehúyas la mirada sé que me escuchas y que sabes lo que te digo, sabes lo que haces. Sabes que asesinar al mundo es la forma de asesinarte a ti mismo, porque es una posibilidad que no tienes. La eternidad, mi buen amigo, es quizás el peor de tus castigos. Flotando a la deriva como una bolsa olvidada, orinada y defecada. Flotando en la inercia de estar en medio de la nada, de buscar ser algo que no sabes, ¿quién eres? Del mundo solamente un testigo, un participante más de la extinción, una construcción de tuberías ensangrentadas que tras la explosión gigante también pasará al olvido.
¿Es que acaso sigues ahí, Clemente? Tan dulce, tan silente, mirando la nada como siempre. Deja de mirar hacia el lado, deja de hacerte el loco, lo sabes todo y perfectamente. No me compro tu mirada de ternura silenciosa, de timidez, de inercia. No me compro tus cuentos de aventuras en el espacio, ni en la luna, ni en las tuberías de un alcantarillado putrefacto que no es otra cosa que tu propio mundo. Quieres atacar y el momento es ya, ¿sino cuándo? Mañana no es opción, mañana no existe, el mañana se lo comieron los buitres que están avanzando por la mesa en dirección a ti. Huelen tu sangre, ¡les gusta!, huelen tu sudor y lo inhalan para hacerse más fuertes. Huelen tu miedo, tu historia, tu futuro que se truncará en el momento en que, al fin, hinquen el diente sobre tu propia extinción. Y ahora, sí, levántante, hazte fuerte, emerge de tu existencia. ¡Conviértete en existencia! ¡Deja de ser una roca y muévete como una momia camino al fuego que la convertirá en polvo! Somos polvo y en eso nos convertiremos. Somos ceniza, somos tierra, somos aire, somos todo y somos nada.
Levántate. Toma el puñal. ¿Te gusta la sangre que brota? No pongas atención a su mirada. Siempre intentará convencerte de que te detengas. No te confìes de su piel agrietada por las amarras ni los rasguños que tiene en los codos. ¡Y eso que no has visto lo de sus rodillas! Tú debes enfocarte en lo que ya habías pensado, solo hazlo. Verás cómo sentirás el alivio, verás cómo todo será en un instante. Nadie sabrá que has sido tú, Ignacio, quien planificó todo en silencio, hasta estar ahí frente a frente y presionar el cuchillo mil veces. ¿Para qué tantas? ¿Tanto es, acaso, tu dolor?
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