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Mostrando entradas de marzo, 2022

Las arenas del tiempo

 Corren y corroen las venas. Corroen el alma, el metal, las estructuras óseas que, según dicen, debiesen sujetar el cuerpo. Sujeción del sistema nervioso convertido en un simple entremado de vísceras confusas e inertes que reptan en un infinito incierto, incierto como la vida, incierto como el espacio, incierto como el tiempo. Corren y corroen las arenas del viento, el tiempo se cuela en las rendijas de una casa antigua que se desmorona en mitad de la ciudad a la espera de sucumbir frente al concreto inconciso que destruye toda ilusión de belleza, de perpsectiva, de horizonte armónico.  Solo huelo veneno, lo aspiro, lo respiro, lo abrazo. Cobijo el veneno en mi corazón, lo diluyo por mi ser. ¿Qué es el tiempo sino una invención maquiavélica y despiada de ese tic tac inerte e inservible que aparece como un vigía sin piedad? ¿Qué es el tiempo sino una excusa para sostener una máquina que destruye la vida, que pretende regularla, darle razones, darle existencia a lo inexistente d...

Salir corriendo

 A veces me dan ganas de salir corriendo sin ningún motivo, sin ningún fundamento. Me siento de frente al mundo sin saber ni lo que pasa, ni lo que pienso ni lo que sucede en mi cerebro. ¿Querer que todo sea distinto es acaso parte de la normalidad anormalizada? Me inunda el miedo. Me inundan las ansias de que todo sea distinto, sí, quizás a mi modo, asumiendo que mi moral es precisa e incorrompible. ¿Cómo saberlo? Si día a día hasta yo mismo me tiento y me caigo en mis propias palabras. Me congelo. Me tiritan los brazos, me tiritan las piernas y más de alguna maldición emerge siniestra de mis labios que se limpian, que se cuidan de decir alguna invocación negativa, pero no puedo. No puedo simplemente caminar sin decir nada, sin soñar, sin sentir. Giving a little damn  puede ser un poco terapéutico a veces, escribir tonteras locas, quizás, también. Escribo sin saber el futuro, quizás atrayéndolo de un hilo rojo, verde, amarillo o celeste. ¿Qué importa? Si lo que menos tiene es...

Esperar... sin esperar demasiado.

No sé bien por qué llegué aquí. O sea, lo obvio, sí: seguí una dirección electrónica que reencontré en una de las tantas redes sociales en las cuales, casi por inercia, nos hemos ido creando cuentas. Casi ni me acordaba de que, en algunas ocasiones, me gusta escaparme a un espacio seguro en el cual escribir. "Espacio seguro", concepto que quizás puede haber adquirido popularidad por su uso contante por parte del personaje de Jean Milburn en Sex Education. Espacio seguro que lo lea todo aquel que quiera y si es que le sirve de algo, bien, si no, gracias. Y me encuentro aquí, inserto en una pandemia inacabable y el miedo constante de una posible guerra en el otro lado del mundo que, en el fondo, también significa un posible escenario poco amistoso (sobre todo para alguien ansioso). ¿Tan difícil es pedir un poco de "estabilidad"? Y no hablo de normalidad, porque hay cosas que sí es bueno cambiar, pues no para todos la normalidad ha sido algo agradable. Un poco de est...