Las arenas del tiempo
Corren y corroen las venas. Corroen el alma, el metal, las estructuras óseas que, según dicen, debiesen sujetar el cuerpo. Sujeción del sistema nervioso convertido en un simple entremado de vísceras confusas e inertes que reptan en un infinito incierto, incierto como la vida, incierto como el espacio, incierto como el tiempo. Corren y corroen las arenas del viento, el tiempo se cuela en las rendijas de una casa antigua que se desmorona en mitad de la ciudad a la espera de sucumbir frente al concreto inconciso que destruye toda ilusión de belleza, de perpsectiva, de horizonte armónico. Solo huelo veneno, lo aspiro, lo respiro, lo abrazo. Cobijo el veneno en mi corazón, lo diluyo por mi ser. ¿Qué es el tiempo sino una invención maquiavélica y despiada de ese tic tac inerte e inservible que aparece como un vigía sin piedad? ¿Qué es el tiempo sino una excusa para sostener una máquina que destruye la vida, que pretende regularla, darle razones, darle existencia a lo inexistente d...