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¿Qué pasa si?

¿Qué pasa si te dejé escapar cuando pude tenerte? ¿Qué pasa si no te dejé escapar cuando debí? ¿Qué pasa si bebí el vaso equivocado en vez de asignarlo a la persona correcta? ¿Qué pasa si descubren el cadáver que escondo en el bolso? ¿Qué pasa si descubren los explosivos que llevo debajo de la ropa? ¿Qué pasa si me desnudas, de una vez, y nos vamos directo a eso que estamos buscando? ¿Qué pasa si no nos decimos nada y dejamos que nuestras miradas se rocen de vez en cuando, de improviso, como dos transeúntes perdidos en medio de la nada, buscando una micro, un taxi o un colectivo de esos que conducen a doscientos por hora en un camino donde solo se permite treinta? ¿Qué pasa si me escuchas gritar sin sentido, si me acerco a ti y escarbo en la arena secreta para encontrarte? Otra vez. ¿Qué pasa si no te oigo aunque grites fuerte, tan fuerte, que me desgranes los oídos y me sangren los tímpanos con un dolor desopilante ante tu mirada fría? ¿Qué pasa si veo tu dolor y sigo como si nada, co...

Ecos. Ecos.

Find me out to nowhere. Encuéntrame en medio del silencio de mí mismo. Encuéntrame en medio de la nada, en medio de todo, en medio de una inexistencia. Observa mis huesos que emergen desde la piel agrieta: soy un zombie, soy una mazmorra, soy un grito desesperado en el desierto. Mi voz, carcomida por el paso del viento, por el hielo que congela cada rastro de humanidad. No, no hay humanidad. No, no hay sinceridad. No, no hay humanidad. No, no hay humanidad.  Hear me scream. Me descascaran la piel a pedazos, se desprenden los tendones y mis venas se corroen como cables en desuso, alambres chispeantes que si tocas te electrocutarán. ¿Estás dispuesto a morir por un golpe de electricidad? ¿Estamos amarrados a seguir día a día viviendo lo mismo como un bucle interminable y sin sentido? Si yo podría tomar el gatillo y dispararte a ti primero, luego a mí después, luego a todos. Podríamos hacerlo juntos, vernos morir juntos, que la misma bala nos atravesara la sien, juntos. No, no hay huma...

Toma el puñal.

 Suenan los beats psicodélicos en la mirada perdida de un ser dormido que no sabe si realmente está ahí. ¿Dónde estás, Roberto? Are you lost or incomplete? Se esfuma la esencia como el vapor en el cristal que fue limpiado por una mano inquieta, por una mano potencialmente asesina que se controla día a día por la presión social de tener que comportarse. En el fondo, sabes que tu mano temblorosa tiene el potencial de atacar y destruir, pero quieres orientarla hacia la salvación. ¿De qué? Si ya no hay nada más que hacer en este mundo sino cruzarse de brazos, tomar un café o lo que te guste y esperar a que uno de los rubios presione el botón que lo hará volar todo mientras degustas la amargura que caerá desde el cielo como gotas corrosivas que diluirán tus huesos con un inconcebible dolor que se prolongará hasta que tu cuerpo defina que ya es momento de dejar de sentir y de funcionar.  ¿Qué estás haciendo, Rodrigo? Leyendo un diario, jugando con la pelusa que no lograste sacar de ...

Jane Fonda

 Me encontré de pronto en el espacio, saltando de un lado a otro. De roca en roca, ahí estaba, con su cabello perfecto y su mirada encendida. ¿Es fuego eso que veo en sus ojos? ¿Es lava eso que emerge por sus venas? Ahí estaba, sentada, luego de pie, luego saltando, acercándose a mí.  Me preguntó qué estaba haciendo ahí en ese lugar, tan solo y olvidado del universo. Y sí que era lejos de todo, es cierto. ¿Cómo llegué? No lo sé... quizás sí, pero mejor no decir nada. Escuché el disparo de un rayo laser. Rasholaser. Sus botas perfectas de color, sus movimientos perfectos. Su cabello intacto. Era ella. Me aferré a ella casi en busca de protección, se aferró a mí en busca de placer.  No sé cómo, no sé en qué momento, pero fuimos uno. Fui suyo, la sentí mía. Se fueron los rayos láser, se vistió nuevamente, me besó y desapareció. Seguí caminando, errante, con la satisfacción inquieta de haberme encontrado con Jane Fonda. 

El ser extraño.

Lo miró de reojo. Todavía no podía adaptarse a la posibilidad ya concreta.  - ¿Eres de verdad? Y ni que fuera de mentira. A veces, en momentos de confusión, uno habla estupideces. Lo miró con más seguridad, pese a que seguía teniendo miedo. - ¿De dónde vienes? Del exterior, del interior, quizás de ahí mismo. ¿Qué importaba? A él sí que le importaba porque le urgía establecer una conversación y resolver una serie de enigmas que de niño se inventó durante noches enteras de insomnio, en que veía esas luces que caían desde el cielo como bolas de fuego dispuestas a devorar los grandes sembradíos de... ¿qué era lo que sembraban en los alrededores? De pizza, sí, en esa época pensaba que sembraban pizza. No se culpaba por ese pensamiento tan pueril que le causó alegría durante algún tiempo. Era extraño, vaya que sí, pero todos lo somos en algún lugar del universo. Solo que este se habría atrevido a cruzar los límites de su propia realidad para ir bastante más lejos en busca de respuestas. ...

Divaga canción

Encender los audífonos en la mañana y poner la música a todo volumen. No quiero mirarte, no quiero saber que estas ahí. Sé dónde te subes cada mañana y, de alguna forma, lo espero. Me pierdo en tus ojos azules de ensueño, en tu piel trigueña. ¿Qué será eso que escondes bajo tu vestimenta tan certera? Una personalidad sin tapujos, una mente abierta, un mundo de encanto con el que cautivas a quien a acercarse s atreva. Vas sin miedos, sin ningún apuro, eso ya lo sé. Me pierdo en ti, otra vez, sin saber por qué.  No quiero mirar porque ya sé que ahí estás. Le subo el volumen, más fuerte, más fuerte, que mis tímpanos exploten tanto como lo hace el corazón en mi pecho. Ahí estás, ahí estás y siento que ya no puedo más. Aunque me esconda mirando para otro lado, te sentarás cerca de mí y tu piel tibia rozará mis manos. ¿Y si te abrazo? ¿Y si me abalanzo sobre ti? ¿Si me apodero de tu cuerpo, te quito la ropa y me apodero de cada parte de tu esencia hasta que todo lo que inhales solo sea u...

Every other day.

Me encanta el olor a esa brisa húmeda y fría que recorre Londres mientras caminas por el otrora Queen's Walk. Ahora que se ha ido Elizabeth II, ¿pasará a llamarse King's Walk? Me encanta sentarme y mirar a través de las ventanas humedecidas en las cuales se refleja la mirada de la gente que mira la nada. Recorrer Londres en medio de esa medieval oscuridad invernal que resulta tan romántica. ¿Cuál será el paradero? ¿Dónde debo bajarme? Seguro que aquí no se toca el timbre y te parará donde tú quieras, sí, ahí, a mitad de la cuadra, como la señora Jovita que se le ocurre ese punto exacto y no otro. ¡Y pobre que no le hagas caso! Seguro que... ¿seguro que sé dónde estoy o dónde tengo que ir? Me duele el estómago mientras miro la ruedita famosa esa, que parece quieta cuando en realidad no lo está. ¡Se mueve! Y lo sé porque me he subido, he visto London from above. ¡Qué maravilla! Vi a la reina tomando tecito, parece que era Twinnings de limón y jengibre. ¡La vi! ¡La vi! ¿No me cree...