Jane Fonda
Me encontré de pronto en el espacio, saltando de un lado a otro. De roca en roca, ahí estaba, con su cabello perfecto y su mirada encendida. ¿Es fuego eso que veo en sus ojos? ¿Es lava eso que emerge por sus venas? Ahí estaba, sentada, luego de pie, luego saltando, acercándose a mí. Me preguntó qué estaba haciendo ahí en ese lugar, tan solo y olvidado del universo. Y sí que era lejos de todo, es cierto. ¿Cómo llegué? No lo sé... quizás sí, pero mejor no decir nada. Escuché el disparo de un rayo laser. Rasholaser. Sus botas perfectas de color, sus movimientos perfectos. Su cabello intacto. Era ella. Me aferré a ella casi en busca de protección, se aferró a mí en busca de placer. No sé cómo, no sé en qué momento, pero fuimos uno. Fui suyo, la sentí mía. Se fueron los rayos láser, se vistió nuevamente, me besó y desapareció. Seguí caminando, errante, con la satisfacción inquieta de haberme encontrado con Jane Fonda.