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Mostrando entradas de septiembre, 2022

Jane Fonda

 Me encontré de pronto en el espacio, saltando de un lado a otro. De roca en roca, ahí estaba, con su cabello perfecto y su mirada encendida. ¿Es fuego eso que veo en sus ojos? ¿Es lava eso que emerge por sus venas? Ahí estaba, sentada, luego de pie, luego saltando, acercándose a mí.  Me preguntó qué estaba haciendo ahí en ese lugar, tan solo y olvidado del universo. Y sí que era lejos de todo, es cierto. ¿Cómo llegué? No lo sé... quizás sí, pero mejor no decir nada. Escuché el disparo de un rayo laser. Rasholaser. Sus botas perfectas de color, sus movimientos perfectos. Su cabello intacto. Era ella. Me aferré a ella casi en busca de protección, se aferró a mí en busca de placer.  No sé cómo, no sé en qué momento, pero fuimos uno. Fui suyo, la sentí mía. Se fueron los rayos láser, se vistió nuevamente, me besó y desapareció. Seguí caminando, errante, con la satisfacción inquieta de haberme encontrado con Jane Fonda. 

El ser extraño.

Lo miró de reojo. Todavía no podía adaptarse a la posibilidad ya concreta.  - ¿Eres de verdad? Y ni que fuera de mentira. A veces, en momentos de confusión, uno habla estupideces. Lo miró con más seguridad, pese a que seguía teniendo miedo. - ¿De dónde vienes? Del exterior, del interior, quizás de ahí mismo. ¿Qué importaba? A él sí que le importaba porque le urgía establecer una conversación y resolver una serie de enigmas que de niño se inventó durante noches enteras de insomnio, en que veía esas luces que caían desde el cielo como bolas de fuego dispuestas a devorar los grandes sembradíos de... ¿qué era lo que sembraban en los alrededores? De pizza, sí, en esa época pensaba que sembraban pizza. No se culpaba por ese pensamiento tan pueril que le causó alegría durante algún tiempo. Era extraño, vaya que sí, pero todos lo somos en algún lugar del universo. Solo que este se habría atrevido a cruzar los límites de su propia realidad para ir bastante más lejos en busca de respuestas. ...

Divaga canción

Encender los audífonos en la mañana y poner la música a todo volumen. No quiero mirarte, no quiero saber que estas ahí. Sé dónde te subes cada mañana y, de alguna forma, lo espero. Me pierdo en tus ojos azules de ensueño, en tu piel trigueña. ¿Qué será eso que escondes bajo tu vestimenta tan certera? Una personalidad sin tapujos, una mente abierta, un mundo de encanto con el que cautivas a quien a acercarse s atreva. Vas sin miedos, sin ningún apuro, eso ya lo sé. Me pierdo en ti, otra vez, sin saber por qué.  No quiero mirar porque ya sé que ahí estás. Le subo el volumen, más fuerte, más fuerte, que mis tímpanos exploten tanto como lo hace el corazón en mi pecho. Ahí estás, ahí estás y siento que ya no puedo más. Aunque me esconda mirando para otro lado, te sentarás cerca de mí y tu piel tibia rozará mis manos. ¿Y si te abrazo? ¿Y si me abalanzo sobre ti? ¿Si me apodero de tu cuerpo, te quito la ropa y me apodero de cada parte de tu esencia hasta que todo lo que inhales solo sea u...

Every other day.

Me encanta el olor a esa brisa húmeda y fría que recorre Londres mientras caminas por el otrora Queen's Walk. Ahora que se ha ido Elizabeth II, ¿pasará a llamarse King's Walk? Me encanta sentarme y mirar a través de las ventanas humedecidas en las cuales se refleja la mirada de la gente que mira la nada. Recorrer Londres en medio de esa medieval oscuridad invernal que resulta tan romántica. ¿Cuál será el paradero? ¿Dónde debo bajarme? Seguro que aquí no se toca el timbre y te parará donde tú quieras, sí, ahí, a mitad de la cuadra, como la señora Jovita que se le ocurre ese punto exacto y no otro. ¡Y pobre que no le hagas caso! Seguro que... ¿seguro que sé dónde estoy o dónde tengo que ir? Me duele el estómago mientras miro la ruedita famosa esa, que parece quieta cuando en realidad no lo está. ¡Se mueve! Y lo sé porque me he subido, he visto London from above. ¡Qué maravilla! Vi a la reina tomando tecito, parece que era Twinnings de limón y jengibre. ¡La vi! ¡La vi! ¿No me cree...

Siempre en el mismo lugar.

Qué difícil es tratar de encontrar los propios pedazos que han quedado dispersos en el camino. Por allá un ojo, por allá un diente, como la Violeta que se quedó repartida en medio de la inmensidad, expulsada por el ruido de su propio trueno. Hallarme entre palabras que lancé como un escupitajo en algún momento de pavor insomne, buscando una mano amiga que no sé si realmente pude encontrar. Hallarme, hallarse, hallar... qué. ¿Qué es lo que hallo en medio de la nada? Miradas aquí y miradas allá, miles de miradas, millones y millones de miradas perdidas en medio de ese infinito horizonte que no habla. Siento que voy a estallar (o que algo dentro de mí acabará por estallar). ¿Hasta dónde llegaré? Y me duele todo en este camino pedregoso, no sé cuánto más voy a durar. ¿Qué es lo que quiero? Solo tengo miedo, miedo, miedo, miedo. Tengo miedo de todo y a la vez de nada. Existo, pero no existo. Soy, pero no soy, no es lógico. Vivo en un recuerdo, vivo en un presente, muero en un futuro como cu...